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Conferencias y Talleres próximos a ser impartidos por Gabriela Torres de Moroso
Bussetti
Conferencias y Talleres próximos a ser impartidos por Gabriela Torres de Moroso
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Sábado 21 de Julio 2007
Hijo:
Hoy me dijiste que ya tienes novia. Tu primera novia. Me enseñaste su foto en tu iPhone.
Una niña tan linda... Sé que ella dejará una huella indeleble en tu vida.
Me has avisado también que ya conoces a sus papás y que pasarás el día con ellos, unos
minutos apenas he recibido un mensajito que contesté de inmediato agradeciendo mucho el
que me hayas avisado: "Ok, hijo. Pásala bien, te reamo y me siento profundamente
orgullosa de ti. Recuérdalo y grax por avisar... mamá". Y me encanta ser testigo mudo de
esta transformación. Y reconozco me ha hecho sentir enormes deseos de sentarme a mi
escritorio para escribirte esta primera carta para ti.
Reconozco que me siento en duelo. Como siempre digo a mis pacientes, duelo es toda perdido al niño que eras
hasta hace unos meses...  y aunque es bien cierto que siempre desee tener 3 niñas, era porque no me imaginaba
jugando a los dinosaurios en lugar de jugar a las muñecas. Pero hoy reconozco también, que desde que llegaste
al mundo y te ví por primera vez, ocupaste un lugar irreemplazable en mi corazón y en mi vida.  
Lo expresaste con una chispa en tus ojos.
Te has convertido en un apuesto jovencito de 14
años audaz, pagador de precios, invencible, que
por primera vez fuertes ante mi. Con muchas
ganas de volar.
Y yo... ¡Me siento tan feliz y orgullosa de ti!
¿Que qué cambiaría en tu vida?  
Bueno... No podría ayudarte a  anudar el nudo
de la  corbata...en tu primer día de trabajo
formal.
No podría aplaudirte fuerte y con lágrimas en
los ojos (como las que ahora tengo)... al término
de tu examen profesional.
No estaría para abrazarte fuerte  y bendecirte
mientras me muerdo los labios... cuando me
anuncies que te vas a otro país a estudiar tu
primer postgrado o a trabajar. Ni tampoco para
bailar contigo una canción que elegiría
especialmente para el día de tu boda...
Si es que eliges casarte formalmente algún día.
Mi aguilucho abriendo sus alas, como el aguilucho
del cuento "
Las alas son para volar" que cuento en
mi
taller intro.
Creí que tener un hijo varón sería el mayor
desafío de mi maternaje, y ahora pienso: ¿Te
habré enseñado hasta aquí todo lo que debería?
¿Te habré enseñado a escuchar, a abrazar tanto
como en una línea de habrás aprendido a dar
"paso a habrás aprendido a dar "paso a la
izquierda" cuando el voto frente a ti es menor?
¿Sabrás distinguir "todos los cuadros posibles"?
Sip. Regularmente te escribo mensajitos escribo al lado de
una firma en tus examenes cuán profundamente orgullosa
me siento de ti, pero esta vez lo hago de una manera especial,
porque todo este mensaje no habla más que del orgullo y del
significado tan especial que le has dado a mi vida, Luis
Octavio, esa luz especial -y distinta a la de tus hermanas-
que eres tú en la vida de esta mujer que hoy te escribe y a la
que la vida -afortunadamente para tanto a los míos, me veo
yo misma.
Octavio, eres el mejor regalo (junto con tus
hermanas) que Dios pudo hacerme.
¡No dejes nunca de darme esos abrazos no
pedidos, divinos, impulsivos y toscos!
Debo reconocer que me hiciste un regalo enorme,
al compartirme hoy, apenas me desperté en mi
cama en la que has brincado tanto desde niño,
que ya tienes novia. Te vi feliz.

¿La que hoy se despide de ser mamá del último "pequeño" que le
quedaba en casa?
La misma que la de una mamá águila adulta que ve a lo lejos el primer
vuelo de su aguilucho.
Con alas fuertes, alas grandes, alas poderosas que lo llevarán a donde él
desee si paga los precios y es responsable, eligiendo siempre de acuerdo
a principios. A sus valores de joven que ama. Que ama sana y
plenamente.
Entre todas las ganancias que genera esta pérdida,
incluyo mis recuerdos. Miles de fotos. Juegos,
canciones cantadas mientras me ayudabas a tocar el
piano, sentado sobre mis piernas, los cuentos, tus
fiestas de cumpleaños, las películas de Disney y tus
juguetes, que estarán siempre conmigo. Tus decenas
de dinosaurios de todas las especies, tamaños y
colores que como las muñecas de tus hermanas
estarán siempre en alguna de nuestras casas.
¿Más de mis ganancias? Tus sonrisas, tus
confidencias, tus anhelos compartidos secretamente
conmigo... ¡Tus lágrimas!
Y esta carta que imprimiré tan pronto termine
de escribirla, firmaré y pondré en tu almohada,
es un poco para agradecerte todo eso. Es
también un reconocimiento para ti, hijo.
Mi hijo que ha crecido.
Y aunque sé que estaré siempre en tu corazón y en tu espíritu, al igual que en la bondad y la
responsabilidad de cada una de tus acciones, no quiero quedarme sin ello.
No quiero quedarme al margen de ver cómo cada día aprendes más a ser un hombre amado,
respetado por ti mismo, responsable y congruente.
Y no me quiero quedar sin todo el aprendizaje que obtendré de ti
(¡Una ganancia más!) durante ese proceso.
Pero si eso sucediera hijo, y yo no estuviera para ser testigo de tus elecciones de vida, y los caminos
que elijas, me da una inmensa felicidad haber hecho contigo toda la primera parte de este viaje, el
viaje de tu vida.
¡¡¡Vuela fuerte mientras yo soplo llenando lo más posible mis carrillos y con toda la
fuerza de mis pulmones Luis Octavio!!!

Te amo con toda la fuerza de mi corazón...
más que a mí misma.
Mamá.
Julio 21 del 2007
¡Ups!
Pero no te he hablado de mujeres.
¿C
ómo te digo
"Ten cuidado..."
sin que parezca que estoy
hablando como una mamá
convencional y controladora?

Bien, como siempre digo a
mis pacientes, no hay
pérdida sin ganancia.

¿Y cuál es la ganancia de esta
mamá que te escribe y que
empieza a sentir que debe
empezar a caminar el camino que
la llevara de mamá de tres niños
a la de madre de  tres adultos?
Hola, Soy Gabby.
Gracias por visitar esta página. Sé perfectamente que tener una relación ganar-ganar con nuestros hijos
(especialmente los adolescentes) no es nada fácil.  
Más aún cuando somos padres con familias que aplican valores no forzosamente basados en principios y que se
enfrentan con ellos para que no se “salgan de la pista” es bien difícil.  Es por ello que elijo compartir contigo esta
carta. Una carta que escribí para mi hijo hace ya 9 años. Hoy mi hijo L.O. (Luis Octavio) tiene ya 23 años.
Esperando que la tomes como base para hacerle una a tus hijos.
Porque es real… Con amor, no alcanza.
Septiembre 2106
Carta a mi hijo... (o tu verdadero curriculum personal hijo)
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Muchas veces he dicho en mis talleres, que a pesar de ser tanatóloga, no trabajo con enfermos terminales porque no estoy
preparada para irme de esta Tierra. Y aunque estoy consciente que esté preparada o no, esto puede ocurrir en cualquier
momento, estoy consciente también que tu vida y la de tus hermanas cambiaría mucho sin mi presencia en sus vidas por
los próximos 5 años.
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